lunes, 11 de mayo de 2009

Manual y Leyenda del Guerrero de la Luz






























Manual del Guerrero de la Luz



Un guerrero de la luz no tiene “certezas” sino un camino a seguir, al cual procura adaptarse de acuerdo con el tiempo.
Sabe que sus compañeros también tienen que adaptarse, y no se sorprende cuando cambian de actitud. Da
a cada uno el tiempo necesario para justificar sus acciones. Pero es implacable con la traición.


  

                 
            





























Un guerrero se sienta alrededor de la hoguera con sus amigos.
Pasan horas acusándose mutuamente, pero terminan por la noche durmiendo en la misma tienda y olvidando
las ofensas que se dirigieron. De vez en cuando aparece un recién llegado al grupo. Porque aún no tiene una historia en común, muestra solamente sus cualidades, y algunos lo consideran un maestro.
Pero el guerrero de la luz jamás lo compara con sus viejos compañeros de batalla. El extranjero es bienvenido, pero sólo confiará en él cuando sepa también sus defectos.
Un guerrero de la luz no entra en una batalla sin conocer los límites de su aliado.

































El guerrero de la luz conoce una vieja expresión popular: “Si el arrepentimiento matase...”
Y sabe que el arrepentimiento mata; va lentamente corroyendo el alma a quien hizo algo mal, y lleva a la autodestrucción.
El guerrero no quiere morir de esta manera. Cuando actúa con perversidad o maldad – porque es un hombre lleno de defectos – no se avergüenza de pedir perdón.
Si aún es posible, usa sus esfuerzos para reparar el mal que hizo. Si la persona que lo recibió ya está muerta, él hace el bien a un extraño y dedica esa acción al alma de su víctima.
Un guerrero de la luz no se arrepiente, porque el arrepentimiento mata. Él se humilla e intenta reparar el mal que causó.




























Antes de tomar una decisión importante – declarar una guerra, mudarse con sus compañeros a otra llanura, escoger un campo para sembrar - , el guerrero se pregunta a sí mismo: “¿Cómo afectará esto a la quinta generación de mis descendientes?”
Un guerrero sabe que los actos de cada persona tienen consecuencias que se prolongan durante mucho tiempo, y necesita saber qué mundo está dejando para su quinta generación.



El guerrero de la luz proyecta su pensamiento más allá del horizonte. Sabe que si no hace nada por el mundo, nadie más lo hará.
Entonces, participa en el Buen Combate y ayuda a los otros, incluso sin entender bien por qué lo hace.



































El guerrero de la luz se concentra en los pequeños milagros de la vida diaria.
Si es capaz de ver lo bello, es porque trae la belleza dentro de sí, ya que el mundo es un espejo y devuelve a cada hombre el reflejo de su propio rostro. Aun conociendo sus defectos y limitaciones, el guerrero hace lo posible por mantener el buen humor en los momentos de crisis.
Al fin y al cabo, el mundo se está esforzando en ayudarlo, aun cuando todo a su alrededor parezca decir lo contrario.






























Con frecuencia el guerrero de la luz es víctima de una celada. No sabe de dónde viene el golpe, y no tiene cómo probar que la intriga es falsa. La intriga no permite el derecho de defensa: condena sin juicio previo. Entonces él aguanta las consecuencias y los castigos inmerecidos, pues la palabra tiene poder, y él lo sabe. Pero sufre en silencio, y jamás usa la misma arma para atacar a su adversario.
Un guerrero de la luz no es cobarde.

































Para luchar, es preciso mantener los ojos bien abiertos. Y tener al lado compañeros fieles.
Sucede que, de repente, aquel que luchaba junto al guerrero de la luz pasa a ser su adversario.
La primera reacción es de rabia; pero el guerrero sabe que el combatiente ciego está perdido en medio de la batalla

































Un guerrero sabe que los fines no justifican los medios.
Porque no existen fines; existen solamente medios. La vida lo lleva desde lo desconocido hacia lo desconocido. Cada minuto está revestido de este apasionante misterio: el guerrero no sabe de dónde vino ni hacia dónde va.

































Por eso el guerrero es cuidadoso en el uso de la espada, y sólo acepta un adversario que sea digno de él. En los momentos de rabia, prefiere golpear una roca y magullarse la mano.
La mano termina sanando; pero el niño que terminó recibiendo porque su padre perdió un combate, quedará marcado para el resto de su vida.



































Cuando llega una orden de cambio, el guerrero se despide de todos los amigos que formó durante el transcurso de su camino. A algunos les enseñó cómo escuchar las campanas de un templo sumergido, a otros les contó historias alrededor de la hoguera.
Su corazón se entristece, pero él sabe que su espada está consagrada y debe obedecer las órdenes de Aquel a quien ofreció su lucha.
Entonces el guerrero de la luz agradece a los compañeros de jornada, respira hondo y sigue adelante, cargando con recuerdos de una jornada inolvidable.

Paulo Coelho

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